A lo largo de la Historia, la humanidad siempre busca recursos que hagan la vida cotidiana más cómoda, saludable y agradable. En esta búsqueda, el descubrimiento de nuevas fuentes de energía juega un papel importante en el desarrollo de la sociedad. Cada sociedad construye un sistema energético que le es propio y que depende, en parte, de las características del medio natural y de los conocimientos de la época. Hoy día, el modelo energético depende casi en su totalidad de los combustibles fósiles, lo que pone en peligro el desarrollo de la sociedad por la finitud de estas fuentes de energía (al ser recursos limitados) y las repercusiones que su explotación tiene para el medioambiente.
La demanda de energía podría duplicarse o triplicarse a medida que la población aumente y los países en desarrollo expandan sus economías, incorporando nuevas regiones al desarrollo económico y consecuentemente al consumo de energías modernas.
Asegurar el abastecimiento energético y respetar el medio ambiente, son desafíos que tanto empresas como gobiernos y cada uno de los ciudadanos, enfrentan actualmente. Intensificar el comercio internacional de energía, diversificar las fuentes de suministro o animar a la sociedad a ser más eficiente energéticamente, son algunas de las medidas que se han definido para mantener el equilibrio entre oferta y demanda. En definitiva, la superación de ambos desafíos energéticos tiene que ser abordada de forma simultánea desde diferentes ámbitos de actuación: económico, político, social, medioambiental y tecnológico. La energía guarda una estrecha relación con aspectos económicos. El posible agotamiento de los combustibles fósiles puede causar un aumento de la volatilidad de los precios de la energía y por tanto, una disminución del crecimiento económico mundial y un aumento de la inflación. Así pues, el coste y disponibilidad de la energía, van a marcar el desarrollo económico y va a motivar la entrada de nuevas inversiones que faciliten la transición hacia la sostenibilidad energética.